Breve reseña de las organizaciones y luchas del sindicalismo portuario en la región chilena (1890-1930)

Desde los orígenes del movimiento obrero y popular en la región chilena, los trabajadores del sector portuario estuvieron entre los más activos, combativos y mejor organizados.

Aún cuando en 1825 hubo una huelga portuaria en Valparaíso, una experiencia original y extraordinariamente temprana por lo demás, cabe indicar que desde mediados del siglo XIX comenzó el impulso organizativo de este sector, primero en asociaciones de carácter mutualista (de socorro mutuo, primordialmente), para luego avanzar a sociedades de resistencia y a sindicatos modernos. Este último proceso se agudizó al despuntar el siglo XX.

Imagen del paro de portuarios el 30 de enero de 2012

Favorecidos por la situación estratégica en que se desenvolvían los oficios del mar, pues –por ejemplo- si declaraban la huelga paralizaban todas las exportaciones e importaciones, y por tanto gran parte de la economía en general, sus sindicatos demostraron tener una gran capacidad de presión frente al empresariado. Por ello vencieron en numerosas y significativas huelgas, y por lo mismo también fueron uno de los gremios mas perseguidos por las fuerzas del orden.

Su historial de luchas es amplio. Junto a otros oficios, por ejemplo, protagonizaron la primera huelga general registrada en Chile, en julio de 1890, cuya inaugural chispa fue prendida por los lancheros de Iquique, y cuya proyección alcanzó a varias oficinas salitreras y a los puertos de las provincias de Tarapacá, Antofagasta y Valparaíso.

Imagen de la huelga de 1903 en Valparaiso.

Luego encabezaron la huelga general de Valparaíso en abril y mayo de 1903, conflicto que involucró numerosas manifestaciones, incendios de locales del empresariado porteño, un intento de asalto a El Mercurio en Valparaíso, el asalto masivo de las casas de crédito prendario (algo así como la Tía Rica), etcétera. La agitada huelga culminó en una horrible matanza el 12 de mayo. Cayeron algunas piezas de las fuerzas del orden y decenas de trabajadores y miembros del pueblo en general. La huelga, no obstante su sangriento costo, se “venció”.
En 1913 y 1917 los gremios del mar colaboraron activamente en las huelgas generales contra el “retrato forzoso” que el Estado quería implementar entre lo trabajadores para controlar sus sindicatos y apartar de ellos a sus miembros más activos (listas negras). Eran las “huelgas del mono”. Tras victorias parciales (algunos años de inoperancia para esa medida legal), esta lucha fue perdida.

Uno de sus principales logros, sin duda, fue el “sistema de redondillas”, una forma de organización del trabajo que consistía básicamente en que los turnos para laborar, así como los nombres de quienes participarían del mismo, estaban en control de los sindicatos portuarios. Es decir, ni el Estado ni los empresarios podían elegir a sus trabajadores, pues ese punto lo imponía el sindicato, lo cual capacitaba al mismo para reducir la jornada laboral y dar cupos a más compañeros. Si bien esta fue una de las soluciones dadas por los trabajadores para combatir la cesantía en tiempos de crisis salitrera en la segunda década del siglo XX, con el tiempo este espacio de autonomía se convirtió en un gran problema para los grupos dominantes, pues no podían controlar al históricamente belicoso sector portuario, que contaba en su interior con numerosos “agitadores profesionales”. En 1921 el “popular” presidente Alessandri decretó el fin de la redondilla. Los gremios portuarios de Iquique resistieron hasta 1923, cuando una larga huelga acabó en la derrota total. 88 días duró la resistencia, resistencia que incluso cobró la vida de algunos huelguistas y krumiros. Con el tiempo los trabajadores del puerto continuaron exigiendo el retorno de la redondilla, y en algunos sitios y años, lo lograron.

Si bien en los diversos oficios del mar (estibadores, lancheros, carpinteros de bahía, donkeros y jornaleros) había simpatizantes de todas las ideas políticas, cabe indicar que entre el 1900 y 1930, la hegemonía allí estuvo en manos del anarquismo y de sus sectores afines. Y eso fue así desde temprano. De la huelga de Valparaíso en 1903, por ejemplo, el activo anarquista Magno Espinoza, era uno de sus principales organizadores y promotores.

Los gremios del mar, y entre ellos los estibadores, no solo fueron influyentes en Valparaíso, sino en casi todos los puertos del esta región. De hecho en Iquique sus organizaciones fueron muy activas, sobre todo en el periodo 1915-1923. Allí destacaron, entre muchos otros, los libertarios Julio Rebosio, Federico Cortés, Venancio Bravo, etcétera.

Juan Onofre Chamorro

En la segunda década del siglo XX el principal organizador de los gremios del puerto en Valparaíso fue Juan Onofre Chamorro. Provenía del Partido Demócrata (el referente mas izquierdista de los que tenían representación parlamentaria), pero abandonó ese sector rápidamente para unirse al anarquismo. Junto a sus compañeros y compañeras organizó en 1913 la Federación Obrera Regional Chilena. Y fue uno de los principales exponentes de la Sección chilena de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en inglés), fundada en Santiago en diciembre de 1919. La IWW era una central anarcosindicalista que vivió, aunque en sus últimos años de forma lánguida, hasta 1951. Uno de sus gremios adheridos fundamentales fue el de estibadores. Hubo estibadores de la IWW en Iquique, Antofagasta, Valparaíso, San Antonio, Concepción, y Corral.

Los estibadores de la IWW fueron un gremio muy belicoso y efectivo en términos de enfrentamientos laborales. Fueron a huelga en varias ocasiones y vencieron en muchas. Tenían incluso la capacidad de paralizar solidariamente por alguna causa afín, es decir, manifestarse no necesariamente por cuestiones que le afectaban directamente (reducir jornadas de trabajo, reducir el peso de la carga). Cuando el 1º de mayo era ilegal, por ejemplo, antes de 1925, los trabajadores portuarios se iban a huelga ese día. Se paralizaron muchas veces también para protestar contra el apresamiento de luchadores sociales. Además, como ya hemos dicho, no solo se preocupaban por cuestiones económicas, pues les interesaba muchísimo la labor cultural e ideológica y por ello crearon varios grupos de teatro obrero y realizaron numerosas “veladas filodramáticas” y eventos afines. Publicaron varios periódicos, tales como Mar y Tierra (Valparaíso, 1911, 1917-1921, 1933), La Voz del Mar (Valparaíso, 1920, 1924-1927), La Voz del Tripulante (Valparaíso, 1934), El Productor (Iquique, 1921-1923).

Allanamiento y saqueo de imprenta de El Sembrador, los montajes ya estaban vigentes en la decada de 1920

Como los gremios anarcosindicalistas eran muy belicosos para el poder, y particularmente los estibadores de la IWW, el Estado inventó un montaje para destruirlos. En 1920 pusieron dinamita en el local de los estibadores en Valparaíso, luego lo allanaron y “dijeron descubrir” aquel material. Hubo un largo proceso judicial. Más de cien sindicalistas libertarios fueron a la cárcel. Entre ellos Juan Onofre Chamorro. De hecho, en Valparaíso sus compañeros efectuaron una huelga general para liberarlo. Todo este montaje acabó a principios de 1921 cuando se “descubrió” que todo era una farsa. Sin duda, no sería ni la primera ni la última vez que el Estado realizaría montajes para detener a quienes considera sus enemigos.

En Iquique, de hecho, pasó algo muy similar en la huelga de 88 días de 1923. La policía allanó el local del gremio de jornaleros del puerto y junto con destruir la imprenta en que se editaba la propaganda del gremio y la revista anarquista “El Sembrador” (antes El Surco), dijeron descubrir dinamita. Pero como ya hemos dicho, todo –nuevamente- fue un montaje.

Obreros de la IWW en la region chilena.

Estas dos breves muestras que pertenecen a la larga historia de organizaciones y luchas de los estibadores, nos demuestran el temor que sentía el Estado y el empresariado ante la capacidad de movilización y presión de los gremios del mar.

Para acabar con esta situación y mermar a los portuarios organizados (al igual que el resto del sindicalismo combatiente) el Estado se vió obligado a intervenir en las relaciones entre el capital y el trabajo (de las cuales se había mantenido relativamente alejado). Creó el sindicalismo legal para atraer a los trabajadores y castrar a sus organizaciones de las tendencias revolucionarias. Ese proceso, sumado a la nunca ausente represión (sobretodo la dictadura ibañista, 1927-1931), mermaron significativamente el sindicalismo autónomo en las faenas del mar. Otro golpe mortal fue la tecnología. La irrupción de maquinaria sofisticada y grúas para carga y descarga “inutilizaron” a miles de trabajadores en los puertos de toda la región. Eso se dio con fuerza, sobre todo a partir de las décadas del cuarenta y cincuenta, en adelante.

Sin embargo, aún quedaban muchas luchas por delante. Muchas glorias y miserias que sin duda requieren un estudio mucho más detenido. Espero, por lo menos, que este breve esbozo haya servido un tanto para crearse una imagen provisoria de este rico y complejo proceso histórico.

Algunas referencias:
Sergio Grez, De la regeneración del pueblo a la Huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), RIL, 2007.
Peter DeShazo, Trabajadores urbanos y sindicatos en Chile, 1902-1927, DIBAM, 2007.
Sergio Grez, Magno Espinoza. Pasión por el comunismo libertario, USACH, 2011.
Mario Araya, Los wobblies criollos. Fundación e ideología en la Región chilena de la Industrial Workers of the World – IWW (1919 – 1927), Tesis de licenciatura, ARCIS, 2008
Víctor Muñoz, Cuando la patria mata. La historia del anarquista Julio Rebosio, USACH, 2011.
Julio Pinto y Verónica Valdivia, ¿Revolución proletaria o mí querida chusma? Socialismo y alessandrismo en la pugna por la politización pampina (1911-1932), LOM, 2001.
Carlos Parker, Perspectiva del desarrollo histórico de los obreros marítimos chilenos, Valparaíso, Universidad Católica, Tesis de profesor de Estado en Historia y Geografía, 1985

Periódicos:
Mar y Tierra, El Surco, El Sembrador, Acción Directa, La Voz del Mar, La Voz del Tripulante, Campana Nueva

Escrito por Víctor Muñoz C.
Febrero 14, 2012

Acerca de Cuerpo sin órganos

El Amanecer es un periódico producido desde el año 2011 en aquel territorio que llaman chile. Nos presentamos como una editorial anárquica en su profundo sentido de negación a cualquier forma de sometimiento y sujeción, cabe decir que no entendemos el anarquismo como una ideología o alguna que otra fantasía de la sociedad idealista platónica, para nosotrxs la anarquía es devenir y NO ser; en ese sentido no concebimos al anarquista como una identidad sino como una forma de resistencia desterritorializada y fuga al estado de las cosas que nos somete. Actualmente la edición impresa del periódico se encuentra en un estado de pausa ya que quienes le editábamos nos encontramos en un momento de (auto)producción periférica de saberes. A la fecha seguimos produciendo artículos, ensayos y manifiestos que abordan temas como el esquizoanálisis, contrafilosofía (michel onfray), antipsiquiatría, teoría queer feminista, situacionismo, nihilismo y cualquier cuestión asociada al anarquismo como nosotrxs lo deseamos.
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