¿Qué pasa en Siria y por qué es importante saberlo?

Siria1.- ¿QUÉ PASA?
Actualmente en la región del medio oriente se ha sumado un combate más a los ya numerosos enfrentamientos que caracterizan a esta época de la milenaria zona del Asia occidental. A la ocupación militar israelí, a su política de limpieza étnica, desplazamiento y apartheid; a la resistencia popular palestina, causa nacional de todo el pueblo árabe diezmada por las burocracias gobernantes y el bloqueo internacional o a las intervenciones de los yankees y la OTAN en Irak o Afganistán. A todo el choque de intereses; gringos, europeos, rusos, de las petromonarquías del golfo Pérsico (Arabia, los EUA y Qatar), iraníes y, cómo no, israelíes, que se disputan la zona con sus numerosos conflictos, se ha sumado últimamente la guerra civil en Siria.

En un principio Siria nos traslada a Túnez y a Egipto en el año 2011. A los pueblos en la calle echando históricamente abajo a tiranías enquistadas sobre el lomo de la clase obrera con la venia del primer mundo “democrático”, a cambio del saqueo barato de los recursos naturales y la mano de obra. En un principio Siria era un país “pacífico” en una región convulsa. No olvidarse del vecino Irak, con quien se comparten lazos fronterizos innegables, sumida en la ocupación militar primero; en la guerra civil y la desmembración sectaria después. La única revuelta importante fue realizada en el año 82′ en la ciudad de Hama, y liderada por los islamistas “democráticos” (Los Hermanos Musulmanes, no armados, a diferencia de Al Qaeda, que son islamistas yihadistas) y fue duramente reprimida por el entonces presidente Hafez al Assad, padre del actual. Tras los sucesos de Túnez y Egipto, un día en la ciudad de Deraa, los niños, de entre 11 y 14 años, se dedicaron a escribir en las paredes consignas que habían leído en la televisión árabe que transmitía las históricas revueltas. “El pueblo quiere la caída del régimen” o “Dios es grande” (que más que una consigna religiosa representa un grito de guerra, de empequeñecer al gobierno tiránico y policial que parece insuperable). Entonces el gobierno central de Assad hijo envía como su padre a la policía secreta y al ejército a reprimir. Los agentes del estado asesinan (¡¡¡algunos niños fueron degollados!!!), detienen, torturan y hacen desaparecer a los niños de Deraa. La respuesta del pueblo es volcarse a las calles (el único camino que le queda a cualquier pueblo frente a cualquier estado terrorista) como en Túnez y Egipto hasta tirar al régimen, primero en Deraa y luego en toda Siria. Se hace necesario aclarar que esta casta que gobierna Siria es una familia enquistada en el sillón desde los años 70′, legitimada por última vez el 2007 a través de las urnas en un régimen de partido único (Baas; el mismo partido de Sadam Hussein, en Irak, de ideología que entremezcla el socialismo reformista y el nacionalismo, muy similar al peronismo o al castro-chavismo americanos), situación muy similar a la de Túnez, Libia o Egipto, los tres países que hasta ahora han caído en el torbellino de la revolución. Es importante tenerlo en cuenta porque cierta retórica de izquierda, ligada a Cuba, Irán y Venezuela, intenta presentar a la tiranía de la familia Assad en Siria como diferente de la de Mubarak en Egipto o Ben Alí de Túnez. Estos últimos serían lacayos del imperio y tiranos del pueblo, mientras que Assad es un aliado del “anti-imperialismo”. Lo que se olvidan de mencionar estos anti-imperialistas es que en Siria rige un modelo económico neoliberal impuesto por los gobiernos de los Assad, que ha desmantelado la industria local y ha creado una dependencia indirecta de los Estados Unidos y la “globalización”, y ahora de Rusia e Irán. Incluso algunos marxistas árabes se preguntan cómo puede ser que los régimenes “socialistas” de Cuba y Venezuela se desgasten apoyando a una dictadura por el solo hecho de que esta se alimenta de una retórica anti-imperio, cuando la misma jamás se atrevió, por ejemplo, a utilizar su arsenal para recuperar el territorio sirio ocupado por el demonio imperialista Israel, mientras que no dudó en usarlas contra el pueblo, lanzando cobardes bombardeos sobre la población civil y las ciudades para proteger sus privilegios; deteniendo y torturando en masa (aún lo hace); reprimiendo sanguinariamente; utilizando todas las armas tecnológicas de control social de la vida privada de la población. En pocos días los manifestantes deciden tomar las armas y por ende los grupos armados pasan al frente. Aún hoy, con la sangría y el sufrimiento del pueblo sirio masacrado abiertos, continúan haciéndose marchas, mítines y protestas pacíficas de los civiles que exigen el fin de la guerra y para ello la caída del régimen del presidente Assad.
El problema esencial del pueblo sirio es que ninguno de los países que intervienen en el conflicto desean un final en el que Assad se vaya y las cosas entren en un camino parecido al egipcio o al tunecino. Estados Unidos jugó a la espera y terminado casi ya el período del gobierno de Assad anuncia recién ahora una segunda ronda de negociaciones junto a Rusia (la potencia “enemiga” involucrada) en Ginebra para buscar una salida política que impida a Assad participar de las elecciones del próximo año. Algo parecido sucede en Yemén tras las protestas populares, pero la mesa nacional de negociaciones para formar un gobierno que reemplace a la dictadura gobernante ha demostrado ser incapaz de dar una solución real a la problemática abierta por el pueblo movilizado, tal como ha sucedido en todos los conflictos de la “primavera” árabe en todas sus modalidades (elecciones “democráticas” en Túnez y Egipto, invasión militar de la OTAN en Libia). En todos los casos los resultados han sido régimenes igual de títeres de los capitalistas yankees y europeos, subordinados a las doctrinas impuestas por el FMI y el BM (sistema mercantil neoliberal) y continuadores de la política de paz social con Israel. Los países del golfo (los “suministradores” locales del armamento estadounidense que según los izquierdistas provee a la “oposición armada” en Siria) han dejado la puerta libre al reclutamiento de voluntarios para que hagan la yihad y nutran a los movimientos salafistas sectarios. Apuestan a dividir el territorio según diferencias tribales, étnicas o religiosas, inventadas y utilizadas como “divide y reinarás” por las potencias coloniales de principios del siglo pasado, y de paso, claro está, administrar los negocios gasíferos y petroleros, tal como en Irak o en Libia. No se queda atrás el estado ultra-religioso iraní, que apoya su influencia militar en la zona en tres “patas”; Siria, Irak y la milicia libanesa Hezbollah. Para defender sus intereses hegemónicos y equiparar la fuerza de las petromonarquías los ayatolahs han decidido intervenir cada vez más directamente, ya sea a través de las milicias del “Partido de Dios” o de su propia “Guardia Revolucionaria”, división de élite del ejército, que combaten hoy en día sobre todo en la ofensiva contra la ciudad fronteriza de Quseir, controlada por la revolución y el ESL.

La avanzada de lo que queda de la revolución siria en el aspecto militar (el más relevante ahora) está compuesta en su gran mayoría por los milicianos del grupo Al Nusra, representante local de Al Qaeda. Es por esto que la crítica izquierdista habla de una “revolución” liderada por terroristas (efectivamente Al Nusra como Al Qaeda realiza atentados suicidas o coche-bomba como táctica de guerra) salafistas suníes, que quieren imponer la Sharia (“Ley musulmana”, que regula la vida cotidiana según una interpretación rígida y ortodoxa del Corán, programa político de gobierno de la sociedad profesado tanto por Al Qaeda como por los Hermanos Musulmanes y otros grupos islamistas). Sin embargo el pueblo sirio es un pueblo laico. En Siria conviven desde hace siglos diversos idiomas, religiones y culturas en ciudades milenarias, algunas de las más antiguas del mundo; cuna de la civilización humana. La única explicación del liderazgo islamista de Al Nusra es su mayor operatividad y capacidad militar, financiadas desde los ricos países del golfo Pérsico y compuesta por combatientes provenientes de todo el mundo árabe bien entrenados y dispuestos a morir. Son los únicos preparados para resistir y atacar a las poderosas fuerzas del régimen. La izquierda secular se ve dividida entre los reformistas que apoyan a Assad, y entre los que apoyamos su caída cueste lo que cueste, es decir venga lo que venga; porque al menos sin Assad en el trono el pueblo sirio tendrá la opción de retornar (y los milicianos yihadistas extranjeros que tanto asustan por igual a iraníes, israelíes y occidentales no tendrán más que irse, quizás con alguno que otro arsenal robado en sus manos para atacar en otro punto del planeta como sucedió con el caso Libio y su repercusión en Malí, pero que no será más que el precio que tendrá que pagar el mundo por la masacre que vivió (vive aun) el pueblo sirio) y discutir si quieren o no un futuro islamista, como ya comienza a hacerlo el pueblo egipcio en contra del ahora “democráticamente” elegido gobierno de la Hermandad Musulmana. Porque como ya hemos visto con los otros casos, el proceso de la revolución no termina con el régimen que la cataliza en un principio, y éste no representa más que uno de sus tantos vaivenes. Sin embargo, esta división que caracteriza a las fuerzas opositoras a Assad minan la posibilidad de establecer una fuerza capaz de contrarrestar el liderazgo salafista, y que ya han empezado a generar contradicciones, tensiones y que mantienen en la exclusión a otros grupos, como puede verse con los palestinos, los kurdos y los mismos sirios laicos o anti-salafistas, además de las posturas de izquierda más independientes, que se han visto perseguidos ya no solo por el régimen, sino por las estrictas costumbres que intentan imponer en los pueblos que “liberan” los fanáticos yihadistas. Esta falta de coordinación y organización (potenciada a propósito por los bombardeos constantes y la dura persecusión a la disidencia del régimen, que centran la atención y las capacidades en la guerra propiamente tal o en salvar el pellejo propio e impiden un avance más profundo de la oposición revolucionaria) tiene sumido al pueblo sirio en la espontaneidad y el desamparo, refugiado en las insuficientes armas de Al Nusra. Las posturas libertarias han tomado gran potencia en el Egipto post-revolución, ante el fracaso de las vías nacionalistas, social demócratas e islamistas. Es el camino que debe recorrer la revolución siria pero se encuentra con el muro de la inacción internacional.

Aún así, por ahora el conflicto sirio ha ido por una deriva más cercana al enfrentamiento sectario promovido tanto por Assad y sus aliados como por Estados Unidos y sus secuaces del golfo. La cuestión primordial es mantener debilitadas a las posturas más revolucionarias impulsadas por la “primavera árabe” exacerbando las diferencias religiosas y étnicas. Los chiíes libaneses de Hezbollah, aliados de Assad, que viven en los pueblos fronterizos del sur han declarado la guerra a la rebelión “salafista sunnita” financiada, según ellos, por Israel, EEUU y las petromonarquías. Los kurdos del norte han estado desde el principio en la rebelión pero optan por un camino propio; rechazan al gobierno de Assad pero también al liderazgo sunnita de la rebelión, que quiere convertirlos al islam. Lo cierto es que cristianos, musulmanes chiíes y sunníes, kurdos, palestinos y un amplio crisol étnico integran tanto la rebelión como la base de apoyo del gobierno, y la revolución no puede (como bien sabemos los materialistas revolucionarios) reducirse por más que se lo intente a cuestiones puramente sectarias y religiosas.

2.- ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?
Primero hay que reconocer la importancia estratégica de una zona en permanente disputa. Pero sobre todo hay que entender que la emancipación de la humanidad ha de ser en todo el mundo para poder consolidarse verdaderamente. Comprender la importancia de los cambios sucedidos en una zona que en la época actual del capitalismo sustenta el enorme poder hegemónico de diferentes países que hacen su negocio con la explotación de los seres humanos y la naturaleza. Comprender la enorme influencia que tendría un avance de la revolución en Siria para la revolución en Egipto. Comprender esta influencia y sus consecuencias en la lucha del acorralado pueblo palestino contra la ocupación militar de Israel. Siria y Egipto son dos vecinos del país sionista que conviven en paz e incluso tienen tratados y negocios con él en el caso egipcio. Un impulso revolucionario en estos países afectaría la “tranquilidad” del dominio de Israel y sería un paso más en la concreción del medio oriente socialista, sin guerras sectarias ni intervenciones coloniales.
No es menor tampoco la influencia en la situación irakí. De hecho ya comenzaron en este año las primeras protestas organizadas del pueblo irakí (aunque el devenir se ha puesto nuevamente en la polarización sectaria chií versus sunní), influenciadas por la situación de la hermana Siria, exigiendo el fin de la división sectaria del país, impulsada por el gobierno chií, sometido tanto a la burocracia chiíta de Irán como a los agentes de la CIA que aún quedan de la ocupación lanzada en 2003 por G. Bush hijo (demostrando que los “revolucionarios” iraníes y los “imperialistas” yankees son tan amigos cuando la situación (los negocios) “lo amerita(n)”). El avance de la revolución siria sería por ende un fuerte golpe también a la burocracia “revolucionaria” que gobierna Irán junto con el clero. Y ni hablar del impulso que éstas convulsiones darían a la acción revolucionaria en todo el mundo, empezando por los propios países árabes de Asia y África y siguiendo por la vecina Europa en crisis, que sigue por lo mismo más de cerca el conflicto. La revolución es mundial y sus consecuencias son mundiales, no hay que olvidarlo. Por ello también es muy importante no olvidar al estoico pueblo sirio, y al pueblo palestino con él, que están siendo masacrados de uno y otro lado, por capitalistas “sociales”, nacionalistas, religiosos y liberales, por todos a la vez, en el nombre de la protección universal de la sagrada mercancía.

Escrito por Samuel Rosenstock.
Publicado en El Sol Ácrata números 18 y 19, agosto y septiembre de 2013.

Acerca de Cuerpo sin órganos

El Amanecer es un periódico producido desde el año 2011 en aquel territorio que llaman chile. Nos presentamos como una editorial anárquica en su profundo sentido de negación a cualquier forma de sometimiento y sujeción, cabe decir que no entendemos el anarquismo como una ideología o alguna que otra fantasía de la sociedad idealista platónica, para nosotrxs la anarquía es devenir y NO ser; en ese sentido no concebimos al anarquista como una identidad sino como una forma de resistencia desterritorializada y fuga al estado de las cosas que nos somete. Actualmente la edición impresa del periódico se encuentra en un estado de pausa ya que quienes le editábamos nos encontramos en un momento de (auto)producción periférica de saberes. A la fecha seguimos produciendo artículos, ensayos y manifiestos que abordan temas como el esquizoanálisis, contrafilosofía (michel onfray), antipsiquiatría, teoría queer feminista, situacionismo, nihilismo y cualquier cuestión asociada al anarquismo como nosotrxs lo deseamos.
Esta entrada fue publicada en Artículos y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s