Prostitutas impagas del heterocapitalismo: Putas enemigas de las sonrisas

601419_504790909533688_1383037771_n“¿Es una solución salir y recolectar orgasmos para poder compensar todos esos años de frustración e inculpamiento? …Las relaciones sexuales en el mundo de hoy (y quizás también en el pasado) son opresivas. El hecho de que tu amante te provea un orgasmo cambia solo una pequeña porción de esa opresión… nuestro propio disfrute embellece nuestro atractivo. Somos lascivas. Usamos minifalda y transparencias. Somos sexy. Somos libres. Corremos y saltamos de cama en cama cuando queremos. Esta es la auto-imagen que nos construimos por medio de los medios y la publicidad. Esta es nuestra realización. Y deja mucha ganancia. Nos coloca en nuestro lugar sintiéndonos afortunadas por tener ese lugar: la libertad de consumir, consumir, consumir hasta que nos traguemos al mundo. Nos hace ver libres y activas (activamente, libremente, solicitamos sexo de los varones) …La presunción inarticulada detrás de este malentendido es que las mujeres somos puramente seres sexuales, cuerpos y sensualidad, máquinas de coger.
De allí que nuestra libertad solo signifique libertad sexual.”

Dana Densmore. La independencia de la revolución sexual

Emma Goldman solía decir que la diferencia entre una trabajadora sexual y una mujer casada era que la primera vendía su cuerpo por hora, mientras que esta última lo vendía de una vez y para siempre y a un mismo y único precio a un solo hombre. Hasta más o menos los años 50 o 60, las cosas estuvieron claras con respecto a qué lugar ocupar en torno a la así llamada “emancipación sexual”.
Sin embargo, si seguimos la lectura de Beatriz Preciado que a su vez sigue a Monique Wittig, el hetero-capitalismo del tercer régimen farmacopornográfico logró que los aparatos de captura se volvieran menos coercitivos, más sutiles, más intrincados, más sofisticadamente difíciles de desanudar. Ahora el nuevo truco del heterocapitalismo tardío es la “libertad sexual”. Sus agentes, las mujeres liberadas.
¿Cómo oponerse a tan loable frase sin quedar del lado del opus dei? La cuestión exige talento y destreza y debe ser encarada, especialmente por aquellas que hemos sido biopoliticamente asignadas a la violencia de género llamada “mujer”. Porque como ya afirmaba el viejo maestro Michel Foucault, decirle Si al sexo, no es decirle NO al poder.
Otrora queda claro que aquel biovarón que, detentando los privilegios de su categoría sexo-política (que redundan paradojicamente en el desmedro de ciertas potencias corporales que jamás explorará, claro está, puesto que reafirman su esclavitud al régimen heterosexista), debía abonar un precio, único valor posible dentro de la lógica del capital, para gozar de -poner en acto- esos privilegios, ya sea mediante la manuntención de una querida o ya sea haciéndose cargo de una familia con esposa y todo, y de su supuesto bienestar económico. Hoy, gracias al aparato de captura llamado “emancipación sexual” esta situación se ha liberalizado y flexibilizado cual contrato de trabajo de 3 meses, o mano de obra esclava de trata de personas (¿o será ésta una trata voluntaria?). Pero de una manera más efectiva, puesto que el heterocapitalismo ha logrado la construcción del deseo de “ser libre sexualmente”.
Exentos de la obligación de proveer sustento, apoyo ecónomico y social, exentos de crear afinidad, vínculos de parentescos, libres de cualquier responsabilidad u obligación, cualquier sujeto biopoliticamente asignado al privilegio del género varón logrará con mayor o menor maña hacerse de una chica liberada, es decir, beneficiarse con la pieza clave para el funcionamiento del hetero-capitalismo. Esta joven mujer suele creer y afirmar que es libre (y lo elige y desea), que elige con quien se acuesta o con quien coje. Podremos encontrarla en orgías de toda especie, mayormente aquellas que reafirman lo más hetero de la norma social falocéntrica, será nuestra mejor amiga, ésa siempre dispuesta para chuparnos la pija en un baño de recital, ésa que solo a cambio de más penetración, de mostrarse delante de todos, sea nuestra amante ocacional o permanente por nada o poco a cambio, especialmente nada de manera contante y sonante hasta que el varón encuentre una novia como la gente. Ella no cobrará por sus servicios, sino que con gratuidad (gracias a cierto acercamiento malinterpretado filolibertario) brindará todo tipo de placeres a los distintos varones con los que ella se prodigará sin más. Sus así llamados “amigos”, con los que no entablará una forma-de-vida, harán uso y abuso de sus dotes y dones. Ningún punto de subjetivación ni para si misma ni para ellos se modificará: ninguna idea de comunidad, sustento, sostén afectivo, lazo, red de contención y apoyo mutuo, amistad política,mningún uso reflexivo de los placeres será construido dentro de esas prácticas sexo-políticas del deseo hegemónico y dominante; incluso si alguna que otra práctica sexual no heteronormativa se despligue y se pone en juego. Más aun, el punto epistemólogico que la alienta y la motiva es sin más la liberación de un sujeto mujer, ideal máximo regulador del mito de la Ilustración y de sus sistema ecónomico predominante, el heterocapitalismo, que incluso cuando otras prácticas sexuales se expresan (como ser penetración anal del biovarón, por citar un solo caso) no modifican de manera radical la subjetividad del susodicho puesto que ninguna práctica sexual de ninguna índole tiene el poder en si mismo de modificar nada (aunque sea condición sine qua non para la mutación de la subjetividad heteronormativa).
Estas “putas” compiten en el mercado de trabajo de una manera desleal: su carne es el dumping de la economía global del heterocapitalismo tardío frente a las que resistimos poniendo precio a las partes de nuestra anatomía que el régimen farmacopornográfico se ha encargado en asignar a una categoría específica, de territorializar y segmentarizar con la potencia de un bisturí. Asimismo, ellas no alientan mediante sus prácticas la construcción de nuevas formas-de-vidas políticas entre “lxs anormales”; me refiero a la construcción de afectaciones y afinidades y manadas y amistades políticas con otros cuerpos biopolíticamente asignados a la violencia de género llamada “mujer”, pero también con otras potencias corporales aliadas como ser todo el abánico de la incorrección anatomo-política a normalizar lato sensu.
Nosotras, horda deseante, pese a ser feminizadas, controladas, asignadas, subjetivadas, nosotras, las otras putas, las no-liberadas ponemos precio, es decir, cobramos, sabemos del valor de nuestra carne en el mercado, y gratis no ofrecemos nada sino a los afines sexo-políticos. De allí la urgencia de repensar el liberalismo de la liberación sexual otra vez como concepto enemigo de la disidencia sexual. Emanciparse de la emancipación que no será por la vía de la prodigalidad sexual con nadie que no devenga afín-mutante-manada lobo-cuerpo-deseante-minoría. Sino por el contrario ser estando en el mundo como amiga infinita de las sonrisas de los varones, siempre dispuesta a hacerle una fellatio a algun muchacho “amigo”, porque “me gusta” -dirá ese yo/alma débil que Nietszche escupía con el nombre de “sujeto” que es nuestra peor enemiga internalizada, hecha carne, nuestro microfascismo generizador personal.
Devenir otra, ya se ha dicho al infinito. Esta vez otra vez de nuevo, hacerlo. Devenir por fuera de las categorías mujer hacia las potencias de la manada y la enunciación colectiva que no reterritorialice el hetero-capitalismo ni sofistique -gracias a nuestra complicidad- los aparatos de captura de nuestro género (y de tantos otros), para huir, juntas, por el río de la potencia infinita. ¿Cómo hacer? Por ahora, desistir, dejarse caer, decir No, Opt out, I prefer not to. Y desconfiar ahora y siempre de cualquier deseo expresado por un Yo individual en pos de un supuesto placer personal.
Por ahora, eso.

Escrito por Putas Enemigas de las Sonrisas (Un texto adelanto del nuevo libro que estamos armando).
Extraído desde: Diario de la poeta mala II

Acerca de Cuerpo sin órganos

El Amanecer es un periódico producido desde el año 2011 en aquel territorio que llaman chile. Nos presentamos como una editorial anárquica en su profundo sentido de negación a cualquier forma de sometimiento y sujeción, cabe decir que no entendemos el anarquismo como una ideología o alguna que otra fantasía de la sociedad idealista platónica, para nosotrxs la anarquía es devenir y NO ser; en ese sentido no concebimos al anarquista como una identidad sino como una forma de resistencia desterritorializada y fuga al estado de las cosas que nos somete. Actualmente la edición impresa del periódico se encuentra en un estado de pausa ya que quienes le editábamos nos encontramos en un momento de (auto)producción periférica de saberes. A la fecha seguimos produciendo artículos, ensayos y manifiestos que abordan temas como el esquizoanálisis, contrafilosofía (michel onfray), antipsiquiatría, teoría queer feminista, situacionismo, nihilismo y cualquier cuestión asociada al anarquismo como nosotrxs lo deseamos.
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11 respuestas a Prostitutas impagas del heterocapitalismo: Putas enemigas de las sonrisas

  1. Pingback: Unpaid prostitutes of heterocapitalism: Whore enemies of smiles | la semilla negra

  2. Constanza dijo:

    Muy buen ensayo.

  3. Arturo Oppen dijo:

    El concepto de “prostituta impaga” no es sinónimo de persona no vírgen que ejerce el sexo en absoluto? Es decir, el concepto de “prostituta” implica que haya alguna forma de pago a cambio de tener sexo, ya que de lo contrario no existe prostitución como tal.
    Básicamente lo que está diciendo esta persona es que el acto del sexo heterosexual en cualquiera de sus formas es un abuso del hombre hacia la mujer. Y en ningún momento da explicación de por qué todo lo mismo exactamente no se aplica a la inversa, siendo el hombre el “prostituto impago” y del manera exactamente análoga en las relaciones homosexuales, donde también ambas partes son “prostituos/as impagos/as” porque son personas que tienen sexo sin remuneración. En síntesis, un desfile de palabras rimbombantes sin el menor rigor lógico y con nulo contenido subyacente.

    • Martínez dijo:

      Iba a decir básicamente lo mismo que tú, sólo que todavía estaba buscando las palabras adecuadas. Buen comentario. Sólo añado: hay gente que se cree estas cosas, que se dejan impresionar por esta vulgar cháchara sin sustento propias de post-modernos sin rigor y conspiranoicos que se sienten intelectuales (para entender muchos de estos pensamientos se puede mirar la falacia del francotirador). Eso me parece patético. Y propio de la izquierda pueril y (aunque sea redundante) postmoderna.

  4. Eme dijo:

    mucha palabra en difícil y pocos argumentos (o quizás habían más, pero se perdían entre el blablablabla. Más síntesis! daba para un mejor ensayo, y por ende, discusión)

  5. Oken dijo:

    Otro lamentable ensayo feminazi que en vez de sumar resta. Ejemplo de como alguien con herramientas (un diccionario de sinónimos en este caso), no es capaz de hacer algo útil.

  6. Muy Bien dijo:

    Los machos gruñen ante la deserción de sus putitas.

    «Pero sus estridentes gruñidos / sólo son señal de que cabalgamos»

  7. ale dijo:

    Me gustaría leer buenos argumentos en contra del ensayo…
    Mucha diferencia aterra?

  8. Pingback: La cuestión sexual (el meollo de la desprogramación) | Genericidios

  9. JC dijo:

    Opino como arturo oppen, aunque quizá no descartaría tan drásticamente los argumentos como inválidos. Se entiende la intención, se valida gran parte de los puntos; es cierto que no hay verdadera libertad sexual en un mundo que sigue dominado, en la práctica, por el deseo masculino, y en el que el sexo se sigue viendo como moneda de cambio.

    En lo que la caga drásticamente este artículo, y otros que he leído con el mismo postulado, es en el seguir VIENDO el sexo como moneda de cambio. Ese es un patrón cíclico en el que seguimos cayendo todos desde hace cinco mil años, desde los patriarcas pre-medievales que vendían a sus hijas a cambio de tierras hasta las feministas que buscan la liberación más radical hoy día.

    Uno de los pilares del machismo (que existe, que es innegable y que sigue permeando nuestra sociedad entera al día de hoy) es la culpa que la mujer siente hacia su propia sexualidad, el estigma asociado con coger, con “di mi cuerpo”, “di mi sexo”, como si la vagina fuera mercancía (sean putas de profesión o no). Hay culturas que validan su venta (o regalo), hay culturas que la condenan, hay postulados (como el de este artículo) que proponen que la “moneda” quede en manos de la mujer para pedir algo de valor a cambio. Pero el patrón sigue siendo EL MISMO: Asumir que la mujer es una mercancía, y que su actividad sexual es “DAR” o “REGALAR” o “VENDER” algo, que la devalúa como persona.

    Ahí es donde está la devaluación de la mujer como género; no en si tu sexo lo vendes caro o lo regalas, no en si lo das por gusto o porque el heteropatriarcado te obligó; sino en el hecho de asumir a priori que ERES mercancía.

    Este artículo, a pesar de lo que yo sí creo que son buenas intenciones, parte de una postura que sigue considerando el sexo, y específicamente la sexualidad femenina, como mercancía. No se ayuda al feminismo así, creo yo.

  10. muy bueno dijo:

    no concuerdo, esta hablando de una realidad, asi es como funciona, y cuales son las posbiles soluciones paliativas para no sentirse mercancia y encima regalo. No dice nada con respecto a creerse verdaderamente una mercancia, en todo caso eso nos llevaria a problematizar otros tantos preceptos, por que suponiendo que somos mujeres, y que fuimos criadas en esta sociedad heteropatriarcal, seria muy raro no sentirse como tal, no?

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